Miguel Ambrosio Zaragoza (Albuixech, Valencia, 31 de agosto de 19131 –
Barcelona, 30 de septiembre de 1992), conocido como Ambrós, fue un
destacado dibujante del tebeo clásico español, célebre sobre todo por la
serie de aventuras El Capitán Trueno.
A instancias de sus padres, estudió Magisterio, llegando a ejercer la
docencia hasta el final de la guerra civil española. Entonces, por
razones políticas, prefirió abandonarla y ayudar a sus padres en los
trabajos del campo.
En 1946 se presentó ante Juan Puerto, fundador de Editorial Valenciana,
con un tebeo al estilo de los de El Guerrero del Antifaz realizado por
él, lo que le valió la posibilidad de realizar algunas historietas
humorísticas para la editorial.
Ese mismo año se trasladó a Barcelona,
donde comenzó por realizar algunos tebeos para pequeñas editoriales,
como los cuadernos de aventuras Dos yanquis en África, para Bergis
Mundial, o algunas páginas para el semanario Chispa.
Su primer trabajo importante, sin embargo, consistió en dibujar la serie
El Caballero Fantasma, del guionista Federico Amorós. El personaje
estaba inspirado en El Zorro y lo publicaba la editorial Grafidea. En
1951 se dejó de editar la serie, de la que llegaron a publicarse 146
números, pero Ambrós continuó dibujando una nueva serie de aventuras,
Chispita, cuyo protagonista era el hijo del Jinete Fantasma.
Gracias a las buenas ventas de El Jinete Fantasma, Ambrós pudo buscar
donde le pagarán más y se marchó a Bruguera, para la que empezó
ilustrando el suplemento de aventuras de Pulgarcito con la serie La nave
del tiempo, de la que se publicaron 10 cuadernos. También trabajó como
ilustrador de algunos libros de Bruguera, como Los tres mosqueteros.
En 1956
Ambrós recibió el encargo de crear la imagen de
El Capitán
Trueno a partir de la sinopsis de Víctor Mora. Desde junio de ese año
dibujó al personaje, tanto en el cuadernillo de aventuras quincenal como
en sus apariciones en la revista
Pulgarcito.
A partir del nº 22 el
cuadernillo, a causa del éxito de la serie, pasó a tener periodicidad
semanal, lo que imponía a Ambrós un ritmo de trabajo frenético. Hasta el
número 35 Ambrós ilustró la serie en solitario, pero en el siguiente
contó con la ayuda de un entintador, Beaumont, quien colaboró en los
números 36, 38-45, 47-168 y 173-175. En las páginas de Pulgarcito El
Capitán Trueno se publicaba en las páginas centrales, junto a otras
series de aventuras, como El inspector Dan de la patrulla volante, de
Eugenio Giner o El capitán Vendaval, de Tony Bernal.
El Capitán Trueno consiguió un éxito sin parangón en la historia de la
historieta española, alcanzando una tirada de 350.000 ejemplares por
episodio. Sin embargo, este éxito tenía escasa repercusión económica en
su dibujante, quien, harto de las imposiciones de la editorial, decidió
abandonar la serie tras el número 175.
En 1960 Ambrós se trasladó a París para tratar de impulsar su carrera
como pintor, pero su escasa fortuna hizo que regresara a España en 1964.
Dado que no quiso continuar dibujando
El Capitán Trueno, Bruguera le
encargó ilustrar novelas de
Rintintín y
Tarzán y vidas de santos y de
Papas, a pesar de su conocido anticlericalismo.

En septiembre de ese
mismo año terminó por regresar al personaje, aunque sólo publicó tres
aventuras en Trueno Extra, revista semanal que había aparecido en 1960.
En 1965 dejó Bruguera y empezó a trabajar para Editorial Valenciana, en
la que hasta 1971 realizó multitud de historietas breves y series como
Héroes del Deporte, con Pipo Chistera y Juanito, o la del Oeste Los
Colonos. Estos trabajos son el objeto de esta recopilación en tres
tomos, el tercero de ellos dedicado a sus historietas del Oeste.
Ya en 1970 Ambrós había regresado a Bruguera para dar vida a otro
personaje de Víctor Mora,
El Corsario de Hierro, que empezó a publicarse
en la revista Mortadelo.
A principios de esos años 70, cuando se atisbaba ya el boom del llamado
cómic adulto,
Ambrós tenía una visión negativa de los derroteros por los
que iba la historieta patria y defendía la consideración del
historietista como la de un trabajador que se debía más a su público que
a su posible vocación esteticista.
En 1981
Ambrós se retiró del mundo del cómic, al que ya no regresaría
nunca más, con una sola excepción: la historia de
El Capitán Trueno que
dibujó expresamente para la
Historia de los Comics (1983) de la Editorial Toutain.
En 1989 recibió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona por el
conjunto de su obra. Por otra parte, el Ayuntamiento de su pueblo natal,
Albuixech, colocó en 1992 una estatua de El Capitán Trueno en la Casa
de la Cultura de la localidad.
En 1991 se presentaron en su casa de Barcelona (ciudad donde trabajó 40
años) un nutrido grupo de periodistas acompañados por una banda de
música, y le comunicaron que iban a homenajear "al català mes universal
del momento". Ambrós, sorprendido, no quiso recibir ese "honor", pese a
la insistencia de los periodistas, y les dijo que no podía aceptar el
homenaje "perque yo no soc català, sino valencià, i ademés, d'un poble
que es diu Albuixech".
El 30 de septiembre de 1992, en Barcelona, tras haber sufrido varios
amagos de infarto y una larga enfermedad, a sus 79 años un ataque
cerebral acaba con la vida de Miguel Ambrosio. Sus cenizas descansan en
el cementerio de Albuixech, por su expreso deseo.
Premios
1986 Premio Haxtur al " Autor que Amamos" en el Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias Gijón
Wikipedia
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| Ambrós -Catálogo Exposición Albuixec (Valencia) Junio 1992 |
(Escaneo de j.Rab)
