lunes, 5 de diciembre de 2016

Obras de Santiago Martín Salvador. Compilaciones de EAGZA

 
Santiago Martín Salvador nació en Madrid en 1935. Aficionado al dibujo desde pequeño, comenzó estudios artísticos en su adolescencia tras la recomendación a sus padres del pintor José Caballero. Coincidió en la Escuela de Cerámica de la Moncloa con otros futuros dibujantes (Casarrubio, Bielsa), y allí aprendió los rudimentos clásicos en dibujo, pintura y cerámica. Trabajó realizando diseños en la tienda de muebles Loscertales durante un tiempo, que abandonó cuando consiguió publicar historietas de forma profesional, a mediados de los años cincuenta. 

Junto con otros compañeros de Madrid comenzó a colaborar en la revista Chicos de Consuelo Gil en su tercera etapa, con historietas del oeste como “Los dos terremotos” o “Los dos diablos”, ambas con guiones de John Warren, o el serial “El tambor de granaderos”, con guión de González Casquel. Con este autor realizó su primera obra de amplia difusión popular, Mendoza Colt, de Editorial Rollán, una serie de cuadernos también de género del Oeste que tuvo que abandonar tras iniciar el servicio militar obligatorio. Con algunas colaboraciones más en publicaciones madrileñas (Aventuras del FBI, también de Rollán, o la revista Balalín), desde finales de los cincuenta se dedicó por completo a trabajar a través de agencias artísticas, en concreto con Selecciones Ilustradas de Josep Toutain (aunque ya había realizado algunas tiras del personaje Dusty Calvert para la agencia madrileña Histograf).

A través de SI comenzó a realizar historietas para el Reino Unido, a donde llegó a trasladarse con su esposa a los veintitrés años, sobre todo para publicaciones de la editorial Fleetway (como Thriller Picture Library o Commando). Aunque muchos de sus compañeros dieron fama al género romántico dibujado por españoles, Martín Salvador (que ya había adquirido este nombre artístico para que no le confundieran con el torero Santiago Martín) elaboró sobre todo historias de acción y aventura, género para el que se veía especialmente dotado por su lograda ambientación histórica.

Con un estilo ya maduro y de tendencias clásicas, naturalistas, a finales de los sesenta comenzó a trabajar en el serial de El Santo (Helgenet) para los países del norte de Europa, uno de sus proyectos más longevos (y más desconocidos en nuestro país) que le mantuvo ocupado durante más de veinte años.

Simultaneó este serial con un gran número de historietas de horror para la editorial Warren, siempre a través de la agencia SI, donde pudo experimentar con nuevas técnicas de dibujo y nuevas temáticas, y con diversos trabajos de sindicación (Shi-Kai para el mercado alemán, Dick Turpin, con guiones de Victor Mora, para varios países europeos). La mayor parte de este material que realizó en las décadas de los setenta y ochenta fue recuperado en publicaciones españolas de la época.

A mediados de los ochenta, tras la crisis de la industria del cómic que supuso el cierre de la mayoría de revistas destinadas a adultos, comenzó a trabajar como ilustrador para el mercado editorial, el cinematográfico y el publicitario, realizando numerosos storyboards. 

Tras algunas experiencias más con la historieta a principios de los noventa (nuevas historietas de horror realizadas directamente para la revista Creepy española, o colaboraciones en Mentalman o Galimatías), abandonó por completo el medio para dedicarse a la ilustración y la pintura.
 artísticas.

A pesar de su evidente calidad, todavía está por hacerse un análisis de su dilatada obra. Desde los años 50 a los 80, y desde la revista Chicos hasta las cabeceras de la Warren, pasando por el mercado inglés, Martín Salvador llevó a cabo numerosos trabajos, siempre con un impecable sello de autor virtuoso y capaz, dibujante de espléndido estilo clásico y mirada constantemente dinámica.

Su paso por Inglaterra a los veintitrés años fue el comienzo de una etapa verdaderamente brillante, comparable a la de Víctor de la Fuente, Jesús Blasco, José Ortiz y Luis Bermejo, con los que formó un quinteto que imprimió una calidad realmente abrumadora e irrepetible. Participó en "Robín Hood", "El Santo", "Dick Daring", "Buck Jones", "James Bond", etc.  A destacar su estupendo "The Iron Man", en cuyas páginas trabajó durante varios años.

Martín Salvador es, sin lugar a dudas, uno de los grandes autores de la historia de nuestro cómic. Un dibujante que debería recuperarse lo más rápida e íntegramente posible.
Fuentes: Tebeosfera y Jesús Duce

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