lunes, 13 de marzo de 2017

Odysea 2000 - Ray Collins - Víctor Hugo Arias - EAGZA


RAY COLLINS: 50 AÑOS DE UN CLÁSICO

El 4 de octubre pasado (2010) se cumplieron cincuenta años de Pasa un jinete, la primera historieta escrita y publicada por Ray Collins, uno de los mejores guionistas de Argentina y, tal vez por eso, el más atacado —junto a Robin Wood— por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, los canonizadores oficiales del género —quienes, junto a su aplicado discípulo Juan Sasturain, se dedicaron desde 1970 a ningunear a todos aquellos autores que podían disputarle su lugar como herederos oficiales de Héctor Germán Oesterheld.

Completamente alejado de estas intrigas —lo cual, visto en retrospectiva, fue el gran error que le permitió a Trillo y Saccomanno denigrar su trabajo sistemáticamente hasta volverlo el hombre invisible del género—, Collins creó a lo largo de tres décadas una larga serie de clásicos con algunos de los mejores dibujantes de Argentina: Águila Negra (Solano López); Alan Braddock y Rocky Keegan (Canelo); Garrett, El Cobra y Bannister (Del Castillo); Henga, el Cazador (Zanotto); Larrigan (Haupt)…

En todas estas historias lo que predomina, más que la acción, son los climas: con la paciencia de un artesano y el oído entrenado de un músico, Collins coloca silencios y pausas en cada cuadro hasta crear un ritmo cercano a la poesía que el lector puede saborear mientras lee en párrafos donde no falta ni sobra una coma: “La ciudad era una esmeralda colocada junto al lago quieto, con cientos de locales de juegos y diversión. Era uno de esos sitios donde el alma y la nobleza quedan afuera. Un místico lo llamaría Sodoma o Gomorra. El prospecto decía Canton City…”

En estas tramas el humor sirve como consuelo ante la pérdida de las ilusiones: “Cuando la desaté, perdió el conocimiento. Y yo llevé aquel portento de dulzura en mis brazos y me pregunté por qué ciertas cosas ocurren cuando uno ha dejado de sentir ciertas otras…”

En todas estas historias lo que predomina, más que la acción, son los climas: con la paciencia de un artesano y el oído entrenado de un músico, Collins coloca silencios y pausas en cada cuadro hasta crear un ritmo cercano a la poesía que el lector puede saborear mientras lee en párrafos donde no falta ni sobra una coma.
Hugo Pratt, sorprendido en 1960 por la forma en que escribía su joven guionista de veintitrés años, lo invitó a tomar un café y le propuso crear un policial que terminó siendo Precinto 56, uno de los grandes clásicos de la historieta argentina dibujado primero por José Muñoz y luego por Lito Fernández; este hecho, sin embargo, es ocultado por el propio Muñoz, quien aprovecha la desinformación crónica de los periodistas argentinos para no hablar de Collins como si, luego de haber sido extensamente alabado por los canonizadores oficiales por su trabajo junto a Carlos Sampayo en Alack Sinner, tuviera miedo de que éstos lo asociaran con un guionista odiado por la sociedad de socorros mutuos fundada por Trillo y Saccomanno para promover una historia de la historieta argentina caracterizada, paradójicamente, por las ausencias y los espacios en blanco (entre esas ausencias merecen nombrarse a los guionistas Alfredo Grassi, Carlos Albiac, Robin Wood y Armando Fernández).

La justicia puede tardar pero a veces, sorpresivamente, llega, un hecho que Collins remarcó en sus mejores historias y que le tocó vivir personalmente este año cuando Juan Sasturain, el mismo hombre que durante tres décadas atacó su trabajo, le pidió una entrevista para su programa de televisión Continuará, demostrando con su actitud que los canonizadores oficiales siguen el mismo parámetro que los Corleone a la hora de hacer sus críticas (“nada personal, sólo negocios”), usando una moral elástica que les permite solicitarle favores a los mismos guionistas a los que durante décadas intentaron dejar sin trabajo (Sasturain también invitó a su programa a Robin Wood quien, en un acto impropio de su obra, hablo eufemísticamente de los “izquierdistas de café” que lo habían demonizado llamándolo “fascista” sin aclarar que se refería a Trillo, Saccomanno y al hombre que tenía enfrente, sonriendo como si nada pasara, con la impunidad que otorga el hecho de llevar veinte años eligiendo a dedo y sólo entre sus amigos a los integrantes de un canon definido más que por su calidad, por las ausencias y las exclusiones).

Más allá de estas miserias, Collins se divierte con las idas y venidas del género mientras termina una versión novelada de Precinto 56, su primer gran éxito, al que seguirá un comic-book de ocho episodios protagonizada por un sargento corrupto de la policía. Una forma de volver al principio y demostrarle a todos aquellos lectores que aún no lo conocen cómo y por qué, hace tantos años, Pratt le dijo:

—Quiero que escribas una policial.

—¿Cómo la querés?

—Vos sabés muy bien cómo la quiero.

Y él lo hizo y lo sigue y lo seguirá haciendo porque todavía cree que “escribir es la pequeña aventura que nos mejora y nos alienta a conocer a los otros”.

Una frase que demuestra cuánto de sus personajes tiene el propio Ray o cuánto de Ray tienen sus personajes, esos románticos que se niegan a perder la esperanza en el mundo brutal y sin sentido en el que les tocó vivir.

Iván de la Torre, 2010 (Rev. Replicante)










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4 comentarios:

  1. Mi experiencia con Ray Collins no es muy amplia. Base 86 y Garret. Quizás no sea lo mejor que haya escrito. Quizás haya tenido yo poca suerte en lo que llegó hasta mí. Pero llamarlo un heredero de HGO... Hay algo absurdo en todo esto.
    Juan Carlos
    Buenos Aires

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  2. Tan absurdo como toda lucha por la hegemonía... y su, por otra parte lógica, respuesta. HGO sólo hay uno, y en la escritura no existe el heredero (por mucho que se emplee el término), sino el discípulo, pero eso no debería ser un demérito a todos los demás guionistas.

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  3. Muchas gracias por esta historieta, de la que había leído sólo algunos capítulos en las revistas Skorpio.

    Respecto a Ray Collins no puedo opinar porque he leído muy poco. Tampoco conocía ese trasfondo de intrigas y celos que se indica que existía entre distintos guionistas argentinos.

    De Saccomano no opino porque no lo invidualizo y no tengo presentes qué historietas ha guionado. De Trillo he leído muchísimas historietas, la mayoría muy buenas, aunque como opinión personal es segunda línea respecto a los grandes maestros narradores de la historieta argentina: Ricardo Barreiro, Robin Wood, y el "histórico" Oesterheld.

    Que a Trillo se le hace un exceso de "publicidad" creo que es cierto. La crítica especializada (en decir tonterías.... jejeje...) olvida o hace como que ignora a otros grandes guionistas, tan buenos o más que Trillo: Jorge Claudio Morhain, al que ya he mencionado en otro post, y Ricardo Ferrari, que si bien empezó como un guionista bastante mediocre, tuvo una notabilísima evolución realizando en su madurez obras de gran mérito.

    Y hay muchos otros guionistas excelentes, por citar algunos: Grassi, Slavich, Mazzitelli, Amézaga...

    Un cordial saludo.

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